Nuestro Respeto y acompañamiento para esas Mamás fuertes que han tenido que devolver a su hijo al cielo.
No porque no haya llorado.
No porque no se haya roto por dentro.
Sino porque, aun con el corazón hecho pedazos, aprendió a seguir respirando.
Es amar incluso cuando duele,
es sostener la ausencia sin dejar de ser madre.
Ella no eligió esta fortaleza. La vida la empujó a una prueba que nadie debería atravesar.
Y aun así, cada día se levanta con el amor intacto, con la memoria viva y con un vínculo que no conoce despedidas.
Porque los hijos no se pierden, se transforman en luz, en guía, en presencia eterna.
El amor verdadero no muere.
El abrazo permanece.

No hay comentarios:
Publicar un comentario